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La Coctelera

Preguntas manuel vicent si teologos supieran ciencia

Preguntas
Manuel Vicent

Si los teólogos supieran a ciencia cierta que Dios no existe, no por eso dejarían de hacer teología. El silencio de Dios es un hilo de seda con el que los teólogos siguen elaborando desde la Edad Media profundas consideraciones sobre nada, sutilísimas distinciones bizantinas, que ni siquiera han servido
para captar hormigas. No obstante en la historia de la humanidad la teología ha causado ríos de sangre. Ratzinger es un teólogo capaz de hacer encaje de bolillos alrededor de Dios con la misma naturalidad con que otros se toman las uvas. Pero hace poco, durante su visita al campo de exterminio nazi en Auschwitz, en medio de aquel terror, se olvidó de los jeribeques metafísicos y lanzó hacia las nubes una pregunta terrible como la hubiera formulado cualquier humanista agónico "¿Dónde estabas, Señor, mientras este horror sucedía?" Ahora, después del trágico accidente de Valencia, en el funeral que se celebró en la catedral por las víctimas ante las fuerzas vivas del Estado, el arzobispo del ramo formuló esa misma pregunta al Altísimo " ¿Dónde estabas mientras el metro recorría el túnel entre la plaza de España y la estación de Jesús?" En ambos casos Dios ha sido duramente interrogado por sus representantes en la Tierra y Él se ha acogido al derecho de no contestar como muchos acusados cuando son requeridos por el fiscal para que cuenten dónde se encontraban en el momento del crimen. El silencio de Dios es muy cómodo. Es un agujero negro capaz de tragarse las galaxias y junto con ellas toda la mierda humana que sea necesaria para que ciertas gentes puedan dormir tranquilas. Si Dios calla después de un gran cataclismo de la naturaleza y no reivindica los terremotos e inundaciones que se llevan por delante a miles de inocentes, ¿por qué tiene que dar la cara un político por un accidente de metro? Aparte de la supuesta ira de Dios y del terrorismo de los fanáticos, está el terrorismo de la chapuza, de la desidia de los políticos y de la codicia de los tiburones. Si el Papa y el arzobispo de Valencia hubieran estado seguros de que Dios iba a contestar a sus preguntas, no lo habrían interrogado. Pero ellos saben que Dios seguirá guardando silencio y bajo esta sopa metafísica seguirán haciendo teología entre el dolor de los inocentes y las injusticias. Puede que el Papa se asome al túnel fatídico de Valencia pero allí no estará Dios porque el Dios de Ratzinger es demasiado alambicado para viajar en metro y menos en esa línea con vagones tercermundistas

Parque Central

Parque Central
A mediados de los años setenta; Parque Central -un moderno conglomerado residencial y de oficinas-, se erigió como uno de las propuestas más arriesgadas e interesantes dentro del desarrollo de la arquitectura en Venezuela. De hecho el ingenioso y prometedor slogan que publicitaba la venta de los espacios a habitar era: “Parque Central… una nueva manera de vivir”. Años después, dentro de nuestro presente histórico; Parque Central, se puede definir como una gran colmena deteriorada -con una de sus torres prácticamente incinerada-, abandonada a su decadente destino, en donde confluyen y transitan a diario decenas de almas atormentadas. De igual manera; se podría considerar a Parque Central como elemento simbólico dentro de un paralelismo comparativo a nuestro desarrollo como propuesta de una nueva sociedad. Para la fecha de la construcción del coloso residencial, Venezuela igualmente se perfilaba con todas las posibilidades de un país en franco desarrollo, por encima de sus otros países hermanos del continente Centro y Sur Americano. En la actualidad; Parque Central y Venezuela son una analogía con las mismas tristes características: indolencia, abandono, atraso y un alarmante desajuste dentro de su estructura social, -irónicamente en medio de uno de los momentos de mayores ingresos económicos derivados del oscuro maná, el cual fluye gratuitamente del subsuelo-. Y así como no se percibe un mejor futuro para el gigante enfermo que es Parque Central, de igual manera, tampoco se percibe un mejor futuro para este extraordinario país llamado Venezuela. Mientras tanto, en nuestro presente inmediato, vivimos dentro de un demencial aquelarre de inconciencia, y en medio de la algarabía, nos deslizamos con los sentidos embotados dentro los engañosos vapores que emanan del oscuro bitumen. Y así vamos todos en medio de la comparsa: “a rumbearrrr”, “pegándonos durísimo”, “hablando pegao”, entrelazados de las manos con las “chicas Polar”, y departiendo libidinosamente junto con la “catira Regional” y “sin ninguna razón para arrugar”. Pero allí; en el futuro inmediato, en medio de las enceguecedoras tinieblas ilusorias del tufo de la riqueza mal administrada, se vislumbra el cercano borde de un peligroso despeñadero. Un oscuro y profundo abismo, del cual va a ser muy difícil retornar. ¿ Amanecerá y veremos ?. ……¿ Quién sabe ?.